
Los acontecimientos históricos ocurridos en 2011 en África septentrional y el Oriente Medio plantean el desafío para muchos actores, entre ellos, las Naciones Unidas, de aprovechar eficazmente la oportunidad única de apoyar las aspiraciones populares de generar un cambio democrático en el mundo árabe.
Las Naciones Unidas seguirán condenando la violencia y alentando a los líderes de la región a respetar los derechos humanos y responder a las aspiraciones legítimas de sus pueblos de generar un cambio, mediante un diálogo incluyente y reformas genuinas, y sin represión.
Es fundamental que las transiciones democráticas en Túnez y Egipto tengan éxito. Se trata de procesos impulsados por esos propios países; a pesar de ello, las Naciones Unidas seguirán ofreciendo su asistencia y conocimientos sobre las elecciones y las transiciones democráticas, así como sobre el desarrollo económico equitativo e incluyente.
En Libia actuamos con decisión para proteger a la población civil y estamos dispuestos a prestar asistencia en relación con los principales problemas que se presenten después del conflicto. Apoyaremos los esfuerzos del pueblo libio por lograr un futuro pacífico y democrático, que se caracterice por la unidad nacional, la reconciliación social y la recuperación económica.
Por otra parte, el proceso de paz en el Oriente Medio no puede paralizarse mientras ocurren cambios en el resto de la región. Persiste una profunda desconfianza entre palestinos e israelíes. Las Naciones Unidas seguirán instando a ambas partes a retomar de inmediato las negociaciones en interés de sus respectivos pueblos y a entablar negociaciones serias para que se alcance una paz justa, general y duradera, con dos Estados que convivan lado a lado, en paz y seguridad.
